Niña de 11 años dio a luz. Cuando se enteraron quién era el padre 10 policías fueron a su escuela


Historias como la que te presentaremos hoy comprueban que la sociedad está pidiendo ayuda a gritos. La familia, que debería de ser la encargada de establecer los valores y la moral entre sus miembros, no cumple su función. 

Los padres, en su afán por mantener a los hijos rodeados de comodidades y privilegios, se preocupan más por llevar dinero a casa que por pasar tiempo de calidad con ellos, aunque lo que los menores necesitan es educación con valores, algo que ni todo el dinero del mundo puede comprar.



Confiamos en que luego de leer este caso real, muchos padres entiendan que deben estar pendientes de sus hijos, que por desgracia corren riesgo hasta dentro del hogar. 

Tal es el caso de la pequeña Tressa Middleton, quien vivía en el seno de una familia promedio del Reino Unido. Ambos padres trabajaban la mayor parte del día “para darle lo mejor a sus hijos”. El papá era cajero en una tienda de autoservicio, y en la noche hacía trabajos de mecánica. La mamá era mesera en una cadena de restaurantes estadounidense, llegaba a casa a preparar la comida para la familia y hacerse cargo, en la medida de lo posible, de sus dos hijos.


Padres ausentes, despreocupados por ellos, ocupados en sus trabajos y distantes eran lo que estos dos chicos percibían, y no alcanzaban a comprender que los dobles turnos en el trabajo eran para darles una vida mejor. 

Los adolescentes, por desgracia, no miden de la gravedad de sus actos; actúan impulsivamente, sin pensar en las consecuencias.


Un día Tressa se desmayó. Sus padres, alarmados la llevaron a emergencias. Lo que les dijo el médico los dejó sin palabras. Su hija, de sólo 11 años, estaba embarazada.   

Los papás no supieron cómo había pasado, no sospechaban de ningún chico, su hija era apenas una niña. Regaños, interrogatorios, castigos y hasta jaloneos sufrió la pequeña para que dijera qué había pasado.


El resultado fue una revelación que rompió el corazón de sus papás… El padre de la criatura era su propio hermano. 

El matrimonio no supo cómo tomarlo, no sabía qué hacer con su hijo ni con el futuro nieto. Estaban desconcertados y sumidos en una profunda tristeza. En su dolor decidieron denunciar a su propio hijo y horas después un equipo de 10 policías acudió a la escuela preparatoria del chico para detenerlo. 

El joven fue encarcelado por cuatro años, después de que la prueba de ADN confirmó su paternidad.

Finalmente los padres de estos jóvenes dieron en adopción al bebé, ya que Tressa no estaba lista para cuidarlo.


A los 22 años Tressa tuvo el valor de contar su historia al mundo, en un libro autobiográfico que le ayudó a salir de la depresión que este evento le causó.



Dedicó a su hija el prólogo que dice: “Nunca estás lejos de mis pensamientos”.

Tressa dijo en entrevista para un programa de televisión local, que espera algún día conocer a su hija. “Sé que va a ser difícil para ella, enterarse de que su tío es también su padre. Espero que no me eche la culpa por no hablar antes”, finalizó.
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