En esta isla vive el animal más aterrador del planeta. Por eso es ilegal visitarla


Cada vez es más común que escuchemos que varias especies de animales están en peligro de extinción, y también sabemos que otras desaparecieron mucho antes de que tú y yo naciéramos. Lo que sí es inusual es descubrir que una especie que se consideraba extinta muchos años atrás, vuelva aparecer de la nada y donde menos se esperaba.



Eso es justo lo que queremos compartir contigo hoy: cómo fue que en un lugar completamente remoto del océano Pacífico, y en una roca de casi 600 metros de altura -que bien podría ser más alta que el icónico edificio Empire State, en la ciudad de Nueva York, se acaba de descubrir el insecto palo, que se creía extinto desde hace más de 80 años.




Los científicos encontraron 24 de estas criaturas a unos 150 metros sobre el nivel del mar, alrededor de la única roca que sobrevive en el islote conocido como Pirámide de Ball, situada entre Australia y Nueva Zelanda, muy cerca de la Isla de Lord Howe, que era su hogar natural.


Antes del reciente descubrimiento se creía que estos enormes insectos se habían extinguido, después del terrible accidente que en 1918 sufrió el barco “SS Makambo”, de Gran Bretaña, el cual quedó encallado en las costas de dicha isla los nueve días que tardó la tripulación en repararlo.


Para mediados de 1920 ya no se encontró rastro de éstas. 

En 1965 se hizo una expedición a la roca considerada la pila volcánica más alta del mundo; los exploradores afirmaron haber visto a los palotes, pero al no poder comprobarlo se descartó la posibilidad de que siguieran existiendo.

Hace apenas unos años finalmente se pudieron conseguir pruebas de ello, e incluso capturar a un par, como evidencia de que en realidad nunca se extinguieron como se creyó durante tanto tiempo.



Aunque todavía no se sabe con certeza cómo llegaron insectos a esta enorme roca, algunos investigadores tienen la creencia de que pudo ser a través de las plumas o la piel de un ave de paso. Su capacidad para reproducirse sin importar que sean macho o hembra, hizo que se multiplicaran con el paso del tiempo.



Después de muchos estudios para probar que podrían sobrevivir fuera de su nuevo hábitat, fue posible retirar dos pares de estos insectos, con la única finalidad de monitorearlos, protegerlos y ponerlos en un programa de cautiverio y crianza.




Con muchos esfuerzos de científicos expertos en insectos y del zoológico de Melbourne, se logró que la población aumentara a 11 mil huevos y 700 adultos, los cuales tuvieron que permanecer cautivos durante algún tiempo antes de ser liberados en su isla de origen.

Por desgracia la picadura de este insecto es mortal para el ser humano, y al ser esta isla el único lugar en el mundo en donde podemos encontrarlo, el gobierno de Australia prohibe que las personas visiten ese lugar sin permiso, únicamente expertos certificados pueden ir, ya que anualmente son encontrados los cuerpos de decenas de personas asesinadas por la picadura de esta especie.
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