El escalofriante caso de las “Ángeles de la Muerte”. El peor caso de prostitución de la historia


El trabajo de las prostitutas no es bien visto por la sociedad, pues cuando se piensa en el oficio más viejo de la humanidad, siempre se relaciona con enfermedades, infecciones, violencia y deshonestidad. Pero ¿qué hay del sufrimiento de esas mujeres? Ellas también tienen familias, hijos y necesidades que deben cubrir.




No es extraño que en los países más pobres de África, ser una mujer que vende su cuerpo tenga aún más riesgos. Por ejemplo, es bien sabido que alrededor de 4.1% de la población adulta de Nigeria tiene VIH Sida, y el porcentaje aumenta año con año.




Hay lugares como los suburbios de la ciudad de Lagos, capital de ese país de África occidental, en los que cientos de mujeres infectadas con el virus ofrecen su cuerpo por 2 dólares, con tal de sobrevivir. Su jornada es extensa y peligrosa. Lo que más ha llamado la atención de los medios informativos es que sus clientes están plenamente conscientes de su enfermedad.



La gente llama “Ángeles de la Muerte” a las prostitutas del barrio de Badia, pues quienes llegan a ese desolado, sucio y riesgoso lugar tienen su destino escrito y sellado, y probablemente morirán sin que sus compañeras lo noten.


La mayoría son mujeres anónimas que comenzaron esta dura vida a los 14 años de edad. Se exponen a sufrir ultrajes, robos, secuestros, violencia, e incluso muchas han perdido la vida a manos de sus clientes.



Pero no sólo los lugareños visitan a los “Ángeles de la Muerte”; también hay turistas que pagan mucho más por las menores, hombres blancos con dinero y al parecer sin temor alguno al virus.


Los embarazos son frecuentes, pues los clientes por lo general evitan usar preservativos, así que además de contagiarse embarazan a las jovencitas. Es una vida dura, dolorosa y sin esperanzas. Se puede ver en el momento en que se pone un pie en ese barrio, entre basura, infecciones y peligro constante. 

Este problema se dio a conocer a través del reportero y fotógrafo Ton Koene, quien retrató la mirada perdida de estas mujeres, su desesperación y sus pésimas condiciones de vida.


“Cuanto más joven y bonita es la muchacha, más cara es. Los hombres las visitan como si caminaran por un supermercado”, dijo el taxista que lo llevó al lugar.


“Si llegas en auto puedes oler el virus del VIH desde afuera”. Estas palabras describen la terrible realidad que viven estas mujeres. De 3 a 5 clientes al día, son 10 dólares que ganan arriesgando su integridad, exponiéndose a la brutalidad y a la muerte que acecha cada día, no sólo por su enfermedad sino por las condiciones en las que trabajan.


Este es el verdadero rostro de la muerte.
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