12 diferencias entre las bonitas y las feas. Nunca nadie había dicho la verdad


Aunque no podemos negar que todas las mujeres son hermosas, la verdad es que hay chicas cuya belleza resalta entre las demás. Ya sea por sus rasgos, su figura, su actitud, o simplemente porque tienen ese “no sé qué, que qué sé yo”. No hay duda: algunas nos hacen suspirar tan sólo con verlas a 20 metros de distancia, o ¿me equivoco? 

No importa cuántas veces lo niegues, todos nos hemos topado con chicas de este tipo. Pero más allá de la belleza física, hay otros aspectos que las diferencian de las menos agraciadas. ¿Quieres saber de qué se trata?, pues aquí vamos. 




Estas son las 12 diferencias entre bonitas y feas que es importante que sepas, y que quizás te ayude a decidirte a conquistar o a huir de esa mujercita que tienes en la mira. 



1.- Las bonitas son más exitosas.


Tranquilos, no estamos diciendo que necesariamente se “las tengan que dar” a su jefe para conseguir un aumento. Por el contrario, son éstos quienes, por quedar bien con ellas, harán hasta lo imposible por sorprenderlas, y qué mejor manera que promoviéndolas a un mejor puesto, contrario a lo que pasa con una chica promedio, quien definitivamente se tiene que esforzar el doble para conseguir una mejor posición profesional.

2.- Las feas cogen más rico.


No, no es broma. Aunque es posible que no hayas pensado en esto antes, las chicas menos agraciadas se esfuerzan mucho más a la hora de la pasión. Además de querer complacer a su chico harán TODO para retenerlo, y nada mejor que un buena cogida. Una bonita no tiene que esforzarse tanto, sencillamente sabe que lo tiene seguro. 

3.- Las bonitas son más amables.


Tal como lo oyes: estas chicas están acostumbradas a la buena vida y a que todo el mundo se ponga a sus pies. Por esa sencilla razón viven felices, algo que se refleja en la manera en que tratan a los demás. Las feas están tan poco acostumbradas a las atenciones y al trato especial que, cansadas de pasar inadvertidas, suelen ser más desconfiadas e inexpresivas con la gente que las rodea. Ahora sí que como dirían por ahí: “pagan justos por pecadores”. 

4.- Las feas aman mejor.


Mientras las bonitas siempre están rodeadas de pretendientes y tienen la opción de elegir entre decenas de “partidos” (algo que no les permite entregarse al 100% en una relación), las que suelen pasar ignoradas son las mejores amantes. Lealtad, fidelidad y entrega son unas de sus tantas virtudes. Estas chicas son protagonistas de las historias de amor eterno, y sin pensarlo dos veces darían la vida por su galán si fuera necesario, pues cuando quieren entregan el corazón completo.

5.- Los novios de las bonitas son más exitosos.


Los hombres que andan con mujeres atractivas viven en constante lucha por tener más y ser el mejor de todos, para mantener a su novia perdidamente enamorada. Por otro lado, los que tienen novia poco agraciada sienten que no tienen que esforzarse tanto, saben que ella los ama tal como son y que no necesitan hacer nada extraordinario para que siga a su lado.

6.- Los novios de las feas viven más tranquilos.


Infinidad de parejas truenan por celos. Los hombres que andan con mujeres guapas, en especial si él no es tan agraciado, viven casi siempre esta situación. Están al pendiente de todo lo que hace su novia, y angustiados de que en cualquier momento llegue alguno con cara de galán de telenovela, con buen cuerpo, o simplemente con buen verbo. Los que tienen chicas comunes no pasan este problema, saben que mientras la traten bien no tendrán de qué preocuparse. 

7.- Las bonitas tienen menos parejas sexuales.


Así como lo oyes. En muchas ocasiones la belleza intimida fácilmente a los hombres; las ven inalcanzables y suponen que tienen a miles tras ellas, por lo que no se atreven a acercarse. Si se animan y les hace caso, terminan huyendo al sentirse muy poco para ellas. ¡Ah!, ¿verdad? 

8.- Las feas gastan menos.


Al saber que no son tan agraciadas no se preocupan tanto por su apariencia como las bonitas; no pecan de vanidosas, y por lo mismo no están pensando todo el tiempo en ropa, zapatos y accesorios. Por el contrario, las bonitas gastan la mayor parte de su dinero en verse lo mejor posible, y no solamente para los hombres, sino para despertar la envidia de las mujeres que la rodean. Si quieres evitar pasar horas en el centro comercial, la bonita no es la mejor opción.

9.- Las bonitas son más populares.


Algunos estudios demuestran que, sin importar edad o género, nos sentimos más atraídos visualmente hacia lo estético. Por eso las bonitas siempre están rodeadas de gente y repartiendo su tiempo entre sus muchos seguidores. Las feas son personas más solitarias, lo que es una ventaja para el novio pues le dedican la mayor parte de su tiempo. 

10.- Las feas son más independientes.


Una mujer fea está acostumbrada a hacer las cosas por sí misma, no necesita que nadie la rescate porque es capaz de salir adelante sola. Las chicas bonitas esperan que el príncipe azul venga a salvarla. Aunque puedan hacer las cosas prefieren esperar a que alguien se encargue de eso. Ellas sólo están listas para verse divinas en todo momento. 

11.- Las bonitas son menos serviciales. 


Las bonitas esperan que su galán las consienta en todo, que la sirvan y le den todo lo que pida... y hasta lo que no, también. Creen que por su linda cara todos van a querer complacerla y se dejan querer. En su afán por no pasar inadvertida, la fea se ofrece para todo, intentar complacer a quienes la rodean, en especial a su pareja. Sus mimos pueden ir desde una rica comida hasta algo que lo haga desearla aún más en la intimidad. 

12.- Las feas son más agradecidas. 


Las chicas feas notan cualquier detalle que tengan con ellas por más insignificante que sea. Se encargan de que todos se enteren de haberlo recibido y de retribuir de alguna forma un bello gesto. Como ya mencionamos, las bonitas están acostumbradas a que las llenen de atenciones y a recibir infinidad de obsequios, los detalles no la sorprenden ni la motivan a agradecer lo que recibe o lo que tiene.

Con toda esta información ya no podrás decir que no sabías en qué te metías cuando te decidas por la fea o por la bonita.
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