Su novio murió, 3 años después recibe este escalofriante mensaje…


Le decían “Florecita”, de cariño; siempre estaba sonriendo y su larga cabellera oscura era la parte que más le gustaba de su cuerpo, aunque sus ojos eran capaces de conquistar a cualquiera. Pero ella no estaba interesada en ningún hombre, la vida le había regalado y arrebatado al único que le importó de verdad. 

Flor Sánchez tenía 19 años cuando conoció a Juan Figueroa, joven fuerte, decidido y tímido. Aunque no era muy bien parecido tenía un corazón bondadoso e, igual que ella, creció con una familia difícil. Ambos estaban en la Universidad, en el mismo salón, y el primer día tuvieron que hacer una dinámica en parejas; desde entonces se volvieron inseparables. 


Juan le dijo que pensaba irse a Estados Unidos, a vivir con su papá respetado integrante de las Fuerzas Armadas. Era el año 2012 y la guerra de Afganistán estaba en uno de los momentos más complicados. Juan ya no tenía ganas de estudiar en México, y pensaba que tendría mayores oportunidades si hacía el servicio militar allá. 

Flor le decía que era una locura y apartaba la mirada cuando él hablaba de la guerra y de sus arriesgados planes, sin embargo admiraba su valor y cada día que pasaba quería estar con él… Juan se perdía en la mirada de la joven, no era como cualquier chica de la ciudad, podía ver la inocencia en sus ojos y sólo quería protegerla. Ambos se habían enamorado desde que se conocieron, pero pasó un año para que Juan se animara a declararle sus sentimientos. Cuando lo hizo, Flor lloró de emoción. ¡Había encontrado al hombre de su vida! 


Todo parecía tomar su lugar, pero Juan se dio cuenta de que para poder casarse con Flor tenía que irse a Estados Unidos, después de todo tenía doble nacionalidad y quería aprovechar los beneficios de ser ciudadano de ese país. En mayo de 2014 Juan le dio la noticia más terrible: se iría a vivir con su padre, buscaría un trabajo y ahorraría para llevarla con él.

“Voy a tener mucho dinero y nos podremos casar, te voy a comprar la casa más bonita, pero tú debes esperarme aquí y seguir estudiando. Te prometo que regresaré pronto.” 


Con esa promesa y con lágrimas en los ojos se despidieron los dos amantes. Aunque hablaban todas las noches, se extrañaban intensamente. A las pocas semanas el temor de Flor se volvió realidad; recibió una llamada de Juan que le arrebató toda esperanza: “Mi amor, debo ir a Afganistán. La guerra está por terminar, te prometo que todo estará bien”. 

Pasaron meses desde aquel último mensaje; Flor sabía que Juan se había enlistado por ella, para tener mucho dinero y vivir juntos en Estados Unidos, pero lo único que le importaba era verlo de nuevo, lo extrañaba demasiado; no había tenido noticias de él en mucho tiempo, temía lo peor, y no se atrevió a confesarle en esa última llamada que estaba esperando un hijo suyo. 


El pequeñito nació en enero del año 2015 y Flor no había tenido noticias de su amado Juan; la guerra terminó en diciembre de 2014 y lo último que supo fue que su batallón había sido liquidado, sólo unos cuantos hombres regresaron a casa, y entre ellos no estaba el padre de su hijo. 

El ejército lo dio por muerto pero Flor se negaba a creer esa historia: “Yo lo siento, sé que está bien. Mi Juan no ha muerto… ¡Me prometió que regresaría!”. Su familia estaba preocupada porque no quería salir con más hombres, para ella el único era su amado soldado. Permaneció fiel, terminó su carrera y sólo vivía por y para su hijo, esperando una llamada, una señal, lo que fuera, que le indicara que su amado estaba bien.


Era ya 2017, su niño casi cumplía dos años sin padre y Flor tenía 3 años sin ver a su amado Juan. Estaba a punto de perder la esperanza cuando recibió un mensaje que la dejó helada: -“Hola, Flor! ¡Soy yo, Juan… Mi Florecita, perdóname por no haber regresado pronto. Logré escapar del ataque pero me tomaron como prisionero en Afganistán; ahora estoy bien y voy a cumplir mi promesa. Te amo y es tu recuerdo el que me ha dado fuerzas para aguantar este infierno. Pronto estaremos juntos”. 

¡Era su querido Juan! Nadie le había llamado Florecita en 3 años, y ese mensaje le devolvió la esperanza. Su familia pensaba que enloquecía, aunque vieron el mensaje, pensaron que se trataba de una broma cruel de algún conocido. Pasaron casi dos semanas y todos se quedaron con la boca abierta al ver al joven en su uniforme militar, con varias medallas en el pecho.


Flor lo recibió con los brazos abiertos. Entre lágrimas y sonrisas Juan vio a un pequeñito que se escondía detrás de su novia. “Yo también tengo algo que contarte… ¡Este es tu hijo! ¡Se llama Juan, igual que tú!” El joven no pudo contenerse, estalló en llanto al ver el dulce y angelical rostro del niño. Era igual a él, pero con la mirada inocente de su madre. 

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