El asesino serial que mataba prostitutas y las vendía en tortas. Con los senos hacía…


"Si sabes mezclar nadie nota la diferencia, el cuerpo humano sabe muy parecido al cerdo". Joe Metheny admitió haber matado a 10 personas. Todo comenzó en Baltimore, Maryland, en el año 1976. Este hombre con obesidad mórbida, sonrisa que daba escalofríos y mirada perdida, no levantaba sospechas. Trabajaba como camionero y todo el tiempo estaba sucio; en su camión no podía faltar algún trozo de hamburguesa, pero…



Detrás de ese aspecto desarreglado, olor desagradable y el sudor eterno en su frente se escondía "El Caníbal". Joe gastaba todo su sueldo en bares, el alcohol era su mejor compañía y de vez en cuando consumía "crack". Así conoció a Susan, madre soltera y drogadicta que terminó viviendo con él en un remolque, ella abandonó a su hijo con su madre y se dedicaba a beber y esperar a que Joe llegara para tener relaciones. Esa fue su vida, hasta que…



Aquella tarde cuando Joe regresó encontró la casa vacía, su mujer lo había abandonado. Se dio cuenta de que sus cosas no estaban y la sangre se le heló, la ira hacía que sus manos temblaran y tenía ganas de estrangularla. Seis meses después se enteró de que Susan salía con otro hombre, se veían debajo de un puente y ahí se drogaban. Esa noche al salir del trabajo manejó apresuradamente hasta casa pero no entró al remolque. Dio la vuelta al patio, tomó un hacha y se dirigió al famoso puente. Cuando Susan lo vio ni siquiera se asustó. Sabía que Joe era impulsivo y violento, pero jamás imaginó de lo que sería capaz. Atacó al amigo de Susan y le dio un hachazo en la cabeza. Ella gritó aterrorizada e intentó correr, pero Joe la atacó por la espalda. Aún estaban vivos y a Joe no le importaron las súplicas ni ver la sangre correr. Lentamente los hizo pedazos con un cuchillo, echó los restos en una bolsa y regresó a casa. En el camino hablaba como si Susan lo escuchara: "¿Ves?, te dije que te quedarás conmigo, pero no lo hiciste y ahora estás pagando las consecuencias". Y reía. 


Llegó a casa, movió el remolque, hizo un hoyo y enterró los restos. Después se fue a dormir, ni siquiera se cambió la camisa ensangrentada. Así empezó la terrible historia... 

De la noche a la mañana dejó el camión y puso un puesto de tortas y hamburguesas a la orilla de la carretera. Sabía perfectamente que muchas personas pasaban por ahí y que era muy difícil conseguir algo de comida cerca, así que el negocio fue un éxito. Pero ninguno de sus clientes sabía lo que comían. Para Joe se convirtió en pasatiempo ir a bares y pagar a las "vendedoras de caricias" para que lo consintieran en la cama. Por una buena cantidad de dinero extra lo acompañaban al remolque, sin saber que no saldrían de él. Justo a la mitad del acto las estrangulaba, después tenía relaciones con los cuerpos hasta cansarse y por la mañana las desmembraba. Con el mismo cuchillo que preparaba las hamburguesas las hacía pedazos y revolvía su carne con la de puerco, agregándole especias para darle buen sabor, le gustaba utilizar los pechos de las mujeres para preparar un aderezo especial para la carne. Lo hizo durante años e incluso algunos clientes aseguraron haber hallado cabellos, uñas y dientes en la comida.


Las cosas cambiaron en diciembre de 1996, cuando llevó a Rita Kemper al lugar del crimen. Intentó matarla pero ella se defendió, tomó un fierro y le golpeó la cabeza. Luego salió huyendo y llamó a la policía. Gracias a ella se supo que Joe era responsable de varios asesinatos desde 1976.

En su declaración Metheny afirmó haber asesinado y cocinado a las mujeres. No sentía ninguna culpa, parecía que cuando contaba uno de sus asesinatos la adrenalina le recorría el cuerpo hasta provocarle una sonrisa. 


A pesar de que confesó haber matado a 10 mujeres sólo se le comprobaron 3 asesinatos. El juez le dictó sentencia de por vida. Mientras se dirigía a su celda Metheny comentó, despreocupado y con una sonrisa que resaltaba el brillo de sus ojos: "Esa fue mi historia, horrible pero cierta. Así que les recomiendo que la próxima vez que vayan a comer a un puesto de hamburguesas recuerden esto: nunca sabes a quién te puedes estar comiendo".

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