“Mi historia de cuando fui novia de un sicario. Todos mis sueños se hicieron realidad, pero…”


A pesar de que queramos ver a la vida de un tono color rosa existen, historias increíbles de personas que no cualquiera podría soportar, especialmente cuando hablamos del bajo mundo del narcotráfico, negocios en el que la única forma de salirte de él es yendo a la cárcel o empeñar tu vida a cambio de tu “libertad”, negocio que lleva consigo las más extrañas y aterradoras historias que podrían de rodillas a cualquiera por su crudeza, pero que es una realidad que se vive diariamente en varios países de todo el mundo, pero quien protagoniza el siguiente relato pasó del cielo al infierno en cuestión de segundos. 



Se trata de Michelle, una hermosa mujer que sin duda tenía una fascinación por su cuidado personal, se le notaba desde lejos en su rostro que era de esas mujeres que hacía hasta lo imposible por mantener una figura envidiable, sin embargo, ahora en el único lugar donde podía lucirlo era entre la oscuridad de las rejas de la cárcel, y al igual que ella otras mujeres, se encontraba pagando por sus delitos al verse involucradas en el crimen organizado. 




Prácticamente no quedaba nada de esa despampanante mujer, ahora la única joya que llevaba consigo era un pequeño amuleto, una especie de cruz que colgaba alrededor de su cuello, y su mejor accesorio de todos era una pequeña agenda que nunca soltaba, y fue ahora, después de haberse mantenido entre tanto misterio, cuando al fin decidió contar su historia. 

Todo comenzó cuando solamente tenía 18 años de edad, y con una belleza natural envidiable fue obvio que los hombres comenzaran a fijarse en ella, pero hubo uno en especial, quien todo mundo le mencionaba que le haría cosas terribles al grado de dejarla prácticamente muerta, pero eso nunca le pasó a ella, de hecho sus conversaciones eran bastante normales y sus salidas bastante tranquilas. 

Abiertamente comentó que efectivamente, su novio era un temido sicario, y que es gracias a eso que está pagando una sentencia en la cárcel. Él, un tipo normal, que a los 19 años fue presentado con unos Zetas e inmediatamente quedó fascinado con la idea de obtener dinero de la manera más sencilla de todas, manteniendo limpia la plaza, vendiendo los carros utilizados para las operaciones, y claro, el movimiento de la droga en varias partes del país. 


A pesar de que en algunos momentos pasó por su cabeza la idea de dejar este horrendo negocio se detenía por miedo a que fuera lastimado por sus líderes, fue por esa razón por la que decidió seguir adelante y vivir una vida de eterna fiesta y excesos. Respetados en todos los lugares donde se presentaban recibían un tremendo trato especial que resultaba ser la envidia de cualquiera.

Sostenía una relación bastante normal, iban al cine, comidas, cenas, caminatas por el parque e ir a comer helado era algo que los caracterizaba, sin embargo, sufría de una adicción a la cocaína, un hábito que poco tiempo después Michelle adoptó, poco a poco dejaban de comer, solo dormían durante el día y vivían de noche, el único momento donde él era cariñoso y atento con ella era cuando estaba bajo los efectos de la droga, sino las peleas se hacían presentes todo el tiempo. Sin duda la mujer estaba fuera de sí, cada día perdía más el control, e incluso estuvo al borde de la muerte.

Pero sin duda una de las imágenes que más quedaron marcadas en la memoria de esta mujer fue cuando su novio mató a punta de golpes a un hombre, fue ese día y ese momento donde se dio cuenta que él era un asesino… sí, ese terrible y monstruoso hombre fue su pareja durante más de un año y medio, al que no dejaba porque él solo la amenazaba con quitarse la vida si lo hacía. 


Ahora, lejos de las fiestas, los excesos, los lujos y la vida nocturna pasará más de 12 años en prisión, o tal vez más, pues su abogado dice que todavía no le han dictado sentencia y así podría seguir durante varios años más. Con problemas graves de anorexia y bulimia lucha por sobrevivir de ese mundo tras las rejas.

¿Lo que más extraña? El amor, el tacto humano, pues la única forma de obtenerlo dentro de ese lugar es estando con una mujer, algo que jamás pasaría por su cabeza, los caros maquillajes se convierten en arrugas y los vestidos caros en un simple uniforme que no la hace destacar de las demás, es igual a todas… una delincuente, por eso es que su escapatoria es el ejercicio. 

De esa forma finaliza su pequeña historia, cerrando con que su mayor deseo al salir del encierro es quitar ese tatuaje que lleva grabado en su piel el nombre de su novio y así comenzar una nueva vida dejando atrás las horrendas cosas que vivió.

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