6 costumbres enfermas que tenían los reyes. Mira lo que los malditos le hacían a sus mamás


El día de hoy vemos a cientos de celebridades con gustos muy particulares ser tratados como se dice popularmente “A cuerpo de rey” o reina según sea el caso, y por supuesto que este término les queda súper bien, ya que hay famosos y famosas que utilizan amuletos o tiene extrañas peticiones para actuar en películas u ofrecer shows en diversos lugares, cosas tan ridículas como pedir masajistas para sus perros o mascotas o mandar remodelar habitaciones de hotel para estar por 3 días o dormir con sacos llenos de dólares… Si, suena bastante raro, pero eso no es nada comparado con lo que los monarcas de la antigüedad pedían a sus súbditos.

Lejos de los buenos modales, las joyas extremadamente costosas y los grandes lujos de los que vivían rodeados anteriores mandatarios, estos reyes y reinas eran considerados como seres perturbados y con oscuros deseos y gustos que incluso en aquella época, eran muy mal vistos. 


Jamás volverás a ver a la realeza con los mismos ojos después de leer las cosas que hicieron con tal de satisfacer sus oscuras ocurrencias: 

1. Dormir con el cadáver de su marido


La reina Juana I de Castilla estaba profundamente enamorada de su esposo, Felipe “el hermoso”, por eso la muerte del rey fue un terrible golpe para ella; consideraba a su marido como el hombre más perfecto y capaz de despertar el deseo en cualquier mujer, así que llena de celos y pesar, impidió que enterraran el cuerpo de Felipe, en cambio lo llevaba a su habitación real y dormía al lado del cadáver del amor de su vida. Pasó casi un año durmiendo con el cuerpo de descomposición del rey, e incluso había prohibido que cualquier mujer entrara a ver el cuerpo de su marido. Debido a esta enfermiza obsesión de seguir tratando a su esposo como si fuera un ser vivo, le apodaron “Juana la loca”. 



2. Ir a la cama con el corazón de su esposo


Si pensabas que era aterrador tener al lado el cadáver de un hombre en descomposición, llega la reina María Leonor de Brandeburgo, una mujer que convirtió el corazón de su esposo en un amuleto que llevaba a todos lados. Cuando el rey murió, su desconsolada viuda decidió sacarle el corazón y guardarlo en una caja hecha de oro, donde lo guardó para siempre, e incluso lo colocaba en su cama para dormir al lado del único recuerdo “vivo” que quedó del hombre de su vida. Pero lo más aterrador fue que la reina obligaba a su hija a hablarle al amuleto y a dormir a su lado, lo cual le ocasionó un gran trauma. 

3. Coleccionista de vello íntimo


No resulta extraño que un monarca con todo el poder del mundo haya estado con cientos de amantes, pues eran capaces de hacer prácticamente todo lo que querían sin límite alguno. El rey Carlos II no era la excepción, sólo que durante sus encuentros desarrolló una extraña manía por coleccionar algunos vellos de la parte íntima femenina, era tal su obsesión por hacer esto que después de algún tiempo logró recolectar los suficientes para armar una peluca ¡Es realmente asqueroso! Y como todo macho alfa orgulloso lo donó a un club de bebedores llamado “Beggar Benison” donde fue puesto como trofeo e incluso se convirtió en un símbolo del lugar. 

4. Le gustaba darse “amor propio” en exceso y hacerlo viendo a sus madres


Hacer eso es algo natural hasta cierto punto, pero este sujeto llevó este acto a los extremos. El soberano Cristián VII de Dinamarca realizaba esta práctica diariamente y a todas horas, con tal obsesión que le impedía gobernar. Era tan su ansiedad por tocarse que en varias reuniones del gobierno danés se discutía sobre quién sería la persona indicada para controlar la ansiedad que padecía Cristián VII. En sus étapas más criticas, el rey lo hacía mientras veía a su madre tomar un baño; finalmente el doctor Johann Friedrich Struensee intentó sin éxito alguno “curar” este mal que atormentaba al rey. 

5. No se limpiaba sus propios desechos


El rey Enrique VIII de Inglaterra fue uno de los gobernantes más excéntricos conocidos, ya que durante su reinado inventó un nuevo trabajo para sus súbditos, algo que ni el actor de Hollywood más extravagante hubiera soñado o deseado jamás. El trabajo era conocido como “el hombre del taburete” que no era otra cosa que un súbdito que se encargaba de acompañar al rey a hacer sus necesidades para quitarle la ropa y limpiar sus desechos fecales ¡Simplemente asqueroso! Para el rey Enrique VIII este era un trabajo lleno de honor y solamente eran aptos para realizarlo los hijos de sus amigos de la alta sociedad o pertenecientes a la nobleza. No se como a alguien tan enfermo se le pudo ocurrir inventar semejante trabajo. 

6. Tenía la mayor colección de imágenes para adultos


Al parecer algunos gobernantes tenían debilidad por los jóvenes de su mismo género, y uno de ellos fue el rey Faruk de Egipto, sólo que él, llevó su gusto a otro nivel, pues se encargó de recolectar y coleccionar imágenes de contenido para adultos, llegando a llenar almacenes alrededor del mundo con dicho material. Otra de sus locuras era su conocida cleptomanía, es decir que robaba de manera compulsiva.

7. Amaba los pies pequeños


Rey Sejong de Corea, se volvió famoso por levantar económicamente a su país, gracias a su increíble inteligencia y su bondad para gobernar; sin embargo, no todo en el pasado de este rey está limpió 

Existen muchos escritos que aseguran que este rey coreano tenía una increíble fijación por los pies pequeños  por eso, mandaba construir unos incómodos y salvajes zapatos que te evitan el crecimiento del pie. era una tortura para toda señorita que llegara a su salón.

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